10 septiembre, 2008

Pensamiento



La forma en que pensamos es similar si se analiza a toda la raza humana. Sin embargo, una tarea específica requiere de un pensamiento diferente. Para probar esto, a continuación hablaré tan sólo en términos de contenido y operaciones siguiendo el concepto que tiene Guilford de estos.

Siendo un aficionado de la literatura, la escritura también es una de mis actividades favoritas. Cualquiera que busque escribir algo que surja completamente de su mente sabe lo difícil que esto es. Es aquí en donde evocamos a Guilford y su operación de pensamiento divergente.

Existen miles de formas de lograr que alguien haga algo (en especial si se trata de un personaje surgido de las entrañas de nuestra propia mente) que queremos que haga. Si escribo sobre un asesino serial, ¿en qué forma matará a cada una de sus víctimas? Si lo hago sobre un detective, ¿cómo logrará atrapar al asesino serial cuya forma de matar a sus víctimas ya traté de imaginar? Si se trata de la víctima, ¿cómo escapará del asesino con un modus operandi ya definido por mi pensamiento divergente después de algunas horas de buscar una forma en que éste enviara el mensaje que quería enviar? ¿Buscará ayuda en el detective cuya forma de resolver el crimen ya ideé después de mucho esfuerzo para que concordase con el resto de la historia y no se mostrase incongruente? Por supuesto, todo esto viene después de una serie de representaciones visuales, auditivas y semánticas que debí hacer para poder establecer una relación entre sucesos importantes del texto y que todo esto tenga congruencia (siendo esta congruencia un producto tal vez de mi pensamiento, clasificado mejor en implicación a mi parecer).

El modelo S.O.I. me parece bastante ambicioso dado que busca mostrarnos a todos cómo pensamos. Sin embargo, me parece una estructura lógica y completa de lo que sucede en mi vida cotidiana. Es relativamente fácil catalogar cada una de las cosas que pasan por la mente de quien piensa en los tres aspectos que este modelo toma en cuenta.

01 septiembre, 2008

Atención


Tomando como principal modelo de atención el propuesto por Treissman sobre atenuación se pueden explicar bastantes conductas en la vida cotidiana. Si bien no se trata siempre de un análisis semántico, es evidente que los estímulos son filtrados antes de asignarles un significado y cierto grado de atención.


Escuchar una voz familiar llama mucho más la atención que escuchar miles de desconocidas. Un estímulo repentino puede llamar la atención sin importar realmente sus características físicas ya que el sólo hecho de ser algo desconocido es suficiente para que se atienda. Estímulos olfativos pueden ser discriminados dependiendo el grado de familiaridad que con ellos se tenga. Llaman más la atención si son inusuales o incluso si traen recuerdos a la mente del receptor.


Los ejemplos anteriores no implican un análisis necesariamente semántico. Sin embargo, muestran cómo la mente asigna el nivel de atención que dará a uno u otro estímulo antes de siquiera saber qué tipo de estímulo está recibiendo.


En lo personal, pienso en Treissman como la más acertada en lo que a atención se refiere. Me parece irrefutable que, dentro de la jerarquía de parámetros que utiliza la mente para dirigir la atención, un análisis semántico previo supera a las características físicas del estímulo por bastante.