Tomando como principal modelo de atención el propuesto por Treissman sobre atenuación se pueden explicar bastantes conductas en la vida cotidiana. Si bien no se trata siempre de un análisis semántico, es evidente que los estímulos son filtrados antes de asignarles un significado y cierto grado de atención.
Escuchar una voz familiar llama mucho más la atención que escuchar miles de desconocidas. Un estímulo repentino puede llamar la atención sin importar realmente sus características físicas ya que el sólo hecho de ser algo desconocido es suficiente para que se atienda. Estímulos olfativos pueden ser discriminados dependiendo el grado de familiaridad que con ellos se tenga. Llaman más la atención si son inusuales o incluso si traen recuerdos a la mente del receptor.
Los ejemplos anteriores no implican un análisis necesariamente semántico. Sin embargo, muestran cómo la mente asigna el nivel de atención que dará a uno u otro estímulo antes de siquiera saber qué tipo de estímulo está recibiendo.
En lo personal, pienso en Treissman como la más acertada en lo que a atención se refiere. Me parece irrefutable que, dentro de la jerarquía de parámetros que utiliza la mente para dirigir la atención, un análisis semántico previo supera a las características físicas del estímulo por bastante.
1 comentario:
En relación a los ejemplo sobre la estimulación proveniente de diferentes fuentes, pareciera que hay una contradicción:
Auditivamente, una voz familiar pronunciando tu nombre (también familiar) "jala" tu atención; sin embargo, para el olfato es lo "inusual" lo que jala la atención. Es decir, si estás concentrado en algo y alguien pronuncia tu nombre entonces lo escuchas (análisis semántico pre atentivo) sin embargo en el olfato ¿tiene que ser inusual para que le atiendas? Teóricamente creo que hay contradicciónes.
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